Formar no es solamente hablar acerca de lo que eres experto y ser experto en algo no te convierte en un estupendo profesor.
Aquí te cuento por qué no se debe confundir.
Quiero compartir esta noticia en donde, más allá de si la expulsión del profesor Maitland Jones de la Universidad de Nueva York es «correcta» o no, quiero detenerme en la queja que expusieron sus alumnos y el profesor Jones.
Para poner en contexto, por un lado, los estudiantes de la Universidad de Nueva York firmaron un documento en donde afirmaban que el profesor en cuestión contaba con temarios muy difíciles para sus clases, que las calificaciones de los alumnos eran muy bajas debido a la dificultad de su materia y a que no entendían los contenidos que el profesor explicaba.
Por otro lado, el profesor Jones señala que sus estudiantes han mostrado un incremento en la falta de concentración en los últimos años (post era Covid) y que pese a que él hizo ajustes en su metodología, los alumnos continuaron sin mostrar un rendimiento que se ajustara a las exigencias de una de las mayores universidades privadas de USA.
Y aquí es donde me gustaría detenerme y hablar acerca de 2 puntos que resuenan en mi cabeza con respecto a esta noticia:
1. Los alumnos
Mucho se ha hablado de la dificultad que tienen las nuevas generaciones para mantener la atención por periodos más largos de tiempo.
Se habla de que internet ha mermado en este aspecto y que producto de la cultura de la inmediatez ya pocos están dispuestos a darle tiempo al cerebro a procesar, pensar o analizar y que por lo tanto, necesitan recibir todo «masticado» ya que de otra forma, pasan de ello.
No están dispuestos a leer largos textos y que para que un vídeo sea efectivo, no puede superar los 5 minutos de duración, por poner dos ejemplos.
2. El formador
La tarea que tienen los formadores a la hora de ponerse frente a un grupo con el objetivo de transmitir todo aquello que tan bien saben, que logren traspasar su experiencia, su conocimientos y además con ello, potenciar el pensamiento crítico, cuestionar, plantear dudas, remover las mentes, transformar.
Cumpliendo esta tarea, lo que tenemos son (idealmente) mejores sociedades, más conscientes, justas, responsables y equilibradas.
Entonces me pregunto,
- ¿Dónde está el punto de encuentro cuando estas dos situaciones se cruzan en un mismo escenario?
- ¿Cómo es posible lograr formar o educar cuando el formador requiere de una actitud activa y del desarrollo de ciertas habilidades (aparentemente en franco descenso) frente al aprendizaje por parte de sus alumnos?
- ¿Cómo lograr el éxito al formarse o educarse cuando las habilidades que se requieren para ello no están totalmente desarrolladas?
- ¿Cómo formar a un grupo entendiendo y aceptando la situación actual (entendiendo que no involucra al 100% de la población)?
- ¿Qué metodologías utilizar para el correcto desarrollo y aprendizaje de un grupo sin morir en el intento?
- ¿Qué tan efectiva está siendo tu metodología de trabajo si estás dedicado a la formación de personas?
Todas estas preguntas y más han surgido a lo largo de mi vida y he intentado ir resolviéndolas a través de estudios, conversaciones, observación, lecturas y visitas a sitios estratégicos relacionados con la educación.
Educar, enseñar, formar no es fácil.
No es para todos.
Y lo que siempre digo, ser experto en algo no te convierte en un estupendo profesor, en lo absoluto.
El ser humano es complejo por sí mismo y son muchas las aristas a considerar en el momento de educar.
Es por esto que formar no es solamente hablar acerca de lo que eres experto y ser experto en algo no te convierte en un estupendo profesor.
En tu caso, ¿te ha tocado estar de un lado (formador/educador) o de otro (alumno/educando/cliente)?
¿Te han marcado estas experiencias?
¿Cómo llevas hoy tu rol de formador?
¿Has tenido ganas de formar a otros pero todas estas cosas te han echo dar un paso atrás en su momento?
La noticia la encontrarás aquí.

